Bienvenid@ a mi espacio
Sobre mí
¡Hola!
Mi nombre es Ana y soy Psicóloga General Sanitaria, especializada en Terapia Integradora: Trauma, Apego, EMDR y Terapia Somática. 
Trabajo desde un enfoque integrador, centrado en la persona y adaptado a las necesidades únicas de cada proceso. Integro la regulación del sistema nervioso como herramienta fundamental, reconociendo el papel del cuerpo en la experiencia emocional y en la sanación del trauma.
Mi objetivo es acompañar y ofrecer un espacio seguro y de confianza para explorar, comprender y sanar cómo ciertas experiencias han podido influir en la forma en que te sientes y te relacionas.
Buscamos no solo comprender el origen de tu malestar, sino también ayudar a que puedas sentirte más segur@ y conectado@ contigo mismo y con los demás.
Actualmente, combino mi trabajo en equinoterapia con consultas presenciales en Madrid y sesiones online.
Psicóloga General Sanitaria Nº Colegiada M-38900
Formación
  • Alta Sensibilidad (PAS)
  • EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares)
  • Terapias Ecuestres
  • Máster en Terapia Integradora, Apego y Trauma
  • Máster en Psicología General Sanitaria
  • Intervención Clínica en Trastornos Mentales y del Comportamiento
  • Psicología de la Salud
  • Grado en Psicología
Mis servicios
Terapia individual y de pareja
Terapia presencial
Un espacio seguro y confidencial para trabajar contigo.
Muchas de nuestras experiencias han contribuido al desarrollo de los problemas actuales.
Terapia online
Sesiones a distancia que te permiten acceder a la ayuda psicológica desde cualquier lugar, manteniendo la misma calidad que en las sesiones presenciales.
Terapia EMDR
Tratamiento del trauma para reprocesar experiencias difíciles y bloqueos para reducir su impacto emocional.
Cómo puedo ayudarte
Hay situaciones que inconscientemente nos activan emociones intensas y sensaciones que persisten. Son señales de que hay recuerdos almacenados en nuestro cerebro que no fueron completamente procesados, teniendo un impacto significativo en cómo vivimos el presente.

Cada vez que una situación actual activa emociones, sensaciones o elementos similares, el cerebro hace una conexión automática. Sin darnos cuenta, empezamos a reaccionar desde esa experiencia pasada que nos genera sentimientos y pensamientos negativos.

Un primer paso que puede ayudarnos a identificar estos recuerdos que no se pudieron procesar es que indaguemos en que situaciones y circunstancias se activan.
Contacto
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¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando vivimos una experiencia traumática?
Cuando atravesamos alguna situación que nos hace pasar muchísimo miedo o sentirnos intensamente vulnerables, se produce en nuestro cuerpo una sensación de peligro.

Dentro del sistema límbico se encuentra la amígdala (alarma interna), cuya función principal es detectar amenazas y activar la respuesta de supervivencia. Cuando esta estructura se activa, se produce una desorganización bioquímica en el cerebro: se liberan hormonas como la adrenalina y el cortisol, que preparan al cuerpo para reaccionar ante el peligro.

Pero si esta activación se mantiene en el tiempo, el sistema nervioso se sobrecarga y se vuelve más difícil regular emociones, pensar con claridad o sentirnos seguros, incluso cuando la amenaza ya no está presente.

Desde el enfoque del trauma distinguimos entre:

Trauma externo a la identidad (T): el cerebro se ve repentinamente expuesto a situaciones extremas (accidentes, violaciones, abandonos o catástrofes naturales).

Trauma interno a la identidad (t): vivencias que, aunque pueden parecer menos evidentes, tienen un impacto profundo. Suelen ser tempranas, repetidas en el tiempo y ligadas al entorno relacional (bullying, maltrato físico o emocional en la infancia). Los t en algunos casos también puede tener características de un trauma externo, dependiendo de cómo ocurra y cómo lo viva la persona.

Estas experiencias quedan registradas en el cerebro de manera disfuncional, siendo la activación consciente o inconsciente de estos recuerdos el origen de muchos problemas emocionales.

Procesar estos recuerdos traumáticos en un espacio seguro y terapéutico permite integrar el pasado, reduciendo o incluso eliminando la sintomatología que genera sufrimiento.
El trauma en la infancia no tiene que definir el futuro de un individuo
El trauma infantil puede tener un impacto profundo en el desarrollo emocional, cognitivo y social de una persona. Las experiencias adversas tempranas pueden influir en cómo percibimos el mundo, las relaciones y a nosotros mismos.

Sin embargo, esto no significa que estemos condenados a repetir patrones de sufrimiento.

Gracias a la neuroplasticidad, el cerebro tiene la capacidad de reorganizarse y formar nuevas conexiones incluso después de haber vivido experiencias difíciles. Esto permite que, con el tiempo y el acompañamiento adecuado, muchas personas puedan sanar heridas emocionales y desarrollar herramientas más sanas para relacionarse y afrontar la vida.

🩵 La posibilidad de dar significado a lo vivido puede ser clave para reparar lo que dolió y construir una vida más consciente y propia.
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